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La esperada conferencia internacional de paz sobre Siria “Ginebra II” inició este miércoles a orillas del lago Ginebra, en Montreux, Suiza. Lo ha hecho en medio de un duro cruce de acusaciones, con la presencia de representantes de 30 países y cuatro organismos internacionales, una oposición fragmentada y un régimen fortalecido por sus victorias militares sobre el terreno en los últimos meses. También ha comenzado con la ausencia de actores clave en el conflicto (no hay representantes de los grupos rebeldes armados, no está el Consejo Nacional Sirio -principal grupo opositor político- ni tampoco Irán), y con las habituales palabras de buena voluntad del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien ha advertido de que los retos de la conferencia son mayúsculos y ha llamado a todas las partes involucradas a comprometerse con un diálogo “serio” y “constructivo”.

Es la primera vez que la oposición y el gobierno sirio acuden a una misma mesa de diálogo. Sin embargo, las posturas están muy distanciadas. La agenda de esta conferencia, segunda parte de otra que tuvo lugar en 2012 (Ginebra I), incluye “el lanzamiento de un proceso de transición Lanzamiento de un proceso de transición, con un gobierno transitorio con todos los poderes ejecutivos, en el que estarán incluidos miembros del Ejecutivo y la oposición”. Es decir, la formación de un gobierno de unidad nacional y de transición que permita poner fin a la guerra civil que desangra a Siria. Sin embargo, uno de los mayores escollos para llegar a un acuerdo parece ser el destino del presidente sirio. “Bashar al Assad no será parte de ese gobierno de transición”, ha dicho el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, en el inicio de Ginebra II. Una exigencia a la que se ha unido la opositora Coalición Nacional Siria.

El problema es que el régimen sirio también ha dejado claro que no está dispuesto a firmar ningún acuerdo que implique la salida del poder de Assad, quien esta semana dejó entrever su disposición a buscar la reelección en las elecciones presidenciales de 2014.  “Si están verdaderamente preocupados por la situación humanitaria y las condiciones de vida en Siria, saquen sus manos de Siria y dejen de pasar armas y de apoyar a los terroristas”, ha respondido en Montreux el ministro de Exteriores sirio, Walid al Mualem.

En medio de lo que la ONU ha calificado como la mayor crisis humanitaria en Oriente Medio desde la Segunda Guerra Mundial (cerca de 130.000 muertos, 2 millones de refugiados y 4,25 millones de desplazados internos), y de un informe de tres fiscales de La Haya en el que se acusa al régimen de Assad de torturar y asesinar a más de 11.000 presos políticos, el destino de Assad amenaza con convertir Ginebra II en un diálogo de sordos. Lo explica Ignacio Álvarez Ossorio, experto en mundo árabe, en esta interesante entrevista con TVE:

Para Jesús Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Asuntos Humanitarios, las conversaciones de Suiza están “condenadas al fracaso” y son solo una farsa teatral de una comunidad internacional que, por el momento, se tiene que conformar con haber conseguido reunir en una misma sala a oposición y gobierno sirio. Porque el inicio de Ginebra II, más que un diálogo ha sido una suma de monólogos que dejan claras las distancias que existen entre las partes implicadas.

Alberto Sierra
@albsierr

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Europa, ¿sueño o pesadilla?

Publicado: 22 enero, 2014 en Actualidad, Mundo

europa_union_europeaLo llamaban “el sueño europeo”. La construcción de un proyecto común, iniciado hace más de 50 años y cimentado en valores de bienestar, diversidad cultural y social, para preservar la paz y promover la cultura democrática. Un espacio de ciudadanía, libre de fronteras y capaz de compartir incluso una moneda común.

Desde que estalló la crisis económica aquel sueño se convirtió en pesadilla para muchos de sus ciudadanos, afectados por el desempleo, recortes de derechos sociales y laborales, una notable pérdida de poder adquisitivo y una serie de rescates bancarios que contribuyeron a la sensación de que la crisis la pagan los ciudadanos y no quienes la causaron.

La “pesadilla europea” alcanzó su cénit en el verano de 2012, cuando la crisis de deuda soberana y la situación política en Grecia llevaron a muchos a pronosticar la quiebra del euro, mientras la Unión Europea (UE) mostraba signos claros de división.

Sin embargo, en el último año la economía de la UE se ha estabilizado dentro de la gravedad. Desde que en julio de 2012 el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi dijese que el BCE haría todo lo necesario para sostener el euro, la prima de riesgo de España ha caído en más de 400 puntos básicos; la de Italia en casi 300; la de Portugal en unos 640; la de Irlanda en 550 y la de Grecia en algo más de 1.900 puntos básicos.

Fuera ya de aquella situación crítica, muchos se preguntan si Europa camina de nuevo hacia el sueño o si continúa cerca de la pesadilla. Ese fue el tema de debate durante una conferencia celebrada en Madrid, y que tuvo al ex presidente español Felipe González como principal invitado.

Reconocido europeísta, y actual presidente del Grupo de Reflexión sobre el Futuro de la UE, dice que le “duele” ver que los actuales líderes del bloque han “dejado de compartir” una parte esencial del sueño europeo: la de ser un espacio público compartido de cohesión social, una economía social de mercado, “y no una sociedad de mercado” capaz de competir en el mundo.

La crisis ha obligado a la UE a tomar en tres años las medidas políticas y los mecanismos en materia de control fiscal y unidad económica que se debieron tomar durante la década pasada y cuya ausencia dejó desprotegido al bloque cuando estalló la crisis.

Desde 2010, se fortaleció el Pacto de Estabilidad; se aumentó los poderes de la Comisión Europea para supervisar los presupuestos nacionales; se aprobó un Tratado Fiscal de 14 artículos; y se sacó adelante un Pacto de Crecimiento y Empleo, dotado con 120.000 millones de euros para reforzar las inversiones y combatir el desempleo.

Además, el Parlamento Europeo va a tener más poder legislativo que nunca después de las elecciones europeas del 25 de mayo. Por primera vez, designará por mayoría al presidente de la Comisión Europea, el órgano de gobierno del bloque, un cargo que hasta ahora elegían los gobiernos de la UE sin participación ciudadana.

Cristina Gallach, jefa de Relaciones Públicas del Consejo de la UE, cree que estos avances permiten a la UE “encarar el futuro más cerca del sueño que de la pesadilla”. Sin embargo, para 2014 se prevé un crecimiento de apenas 1,1%, y un desempleo todavía cercano al 11%.

Felipe González apunta dos soluciones. Primero, apostar por políticas económicas activas, como los estímulos de la Reserva Federal que han llevado a Estados Unidos a pronosticar un crecimiento superior al 3% para 2014 y reducir su desempleo hasta el 6,7%. “Si no se crece, no se puede pagar el volumen de deuda que tenemos”, indica.

En segundo lugar, recalca la necesidad de una mayor cohesión e integración. Hacer que Alemania llegue a sentir como propios los problemas de España, Grecia o Italia, y que estos países puedan asumir las preocupaciones de Alemania, Reino Unido o Austria.

“Europa es la única solución que tenemos, pero no se está dando los pasos para resolver los problemas y no tenemos mucho tiempo. Estamos tocando fondo en la crisis y no hay una sola política europea que yo vea que nos permita salir del fondo y rebotar”, lamenta el ex presidente español. Cree que la UE todavía actúa “poco, tarde y mal”.

Alberto Sierra
Twitter: @albsierr

garzon
No se arrepiente de nada. Baltasar Garzón mantiene la esperanza en derrotar a los jueces que le inhabilitaron por su actuación el marco del caso Gürtel.  Cree que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo acabará dándole la razón, tendrá en cuenta la vinculación del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de Cobos, con el gobierno del Partido Popular  y anulará su inhabilitación.  Menos optimista se muestra respecto a las posibilidades de reparación a las víctimas del franquismo en España.  En esta entrevista, realizada hace unos días en el marco del Universal Thinking Forum, en México D.F. Baltasar Garzón también da sus impresiones sobre la reciente visita del Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU a España el mes pasado o el proceso abierto por la jueza argentina María Servini contra presuntos torturadores de la dictadura.- ¿En qué situación se encuentra su recurso ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo?

Ahora lo que hemos hecho ha sido ampliarlo con la cuestión relacionada con el presidente del Tribunal Constitucional (Francisco Pérez de Cobos) y su vinculación con el Partido Popular durante el tiempo que decidió sobre la inadmisión de nuestro recurso de amparo en España.  Creemos que aunque el Tribunal Constitucional ha dicho que es normal, a nosotros nos resulta inaceptable que alguien se manifiesta miembro de un partido político, y que hasta una fecha determinada paga una cuota de ese partido, pueda tener la imparcialidad necesaria para decidir sobre un tema que afecta precisamente, o se produjo, en el marco de una investigación que afectaba al Partido Popular. Esto aparte de mi respeto hacia el presidente del Tribunal Constitucional, pero creo que la imparcialidad en está en tela de juicio”.– ¿Cree que Estrasburgo le acabará dando la razón?

“Obviamente, mantengo la esperanza en el recurso. Creemos que el planteamiento que el Tribunal Supremo adoptó al emitir la condena no es el correcto. No se puede condenar a un juez por interpretar la ley de forma distinta a la que en este caso el Tribunal Supremo establece. El Tribunal Supremo no es el legislador, el Tribunal Supremo no crea la ley y aquí lo que ha hecho es crear el delito y aplicarlo de forma retroactiva a una persona que interpretó la norma conforme a su leal saber y entender. Es mal sistema este, sobre todo que se constata algo extraño cuando el juez que continuó la instrucción (del caso Gürtel) después de mi (Pablo Ruz) mantuvo la misma medida, la reiteró y la amplió. De modo que es un poco sorprendente que se utilice un criterio con uno y no con el siguiente”.

En vista de la reciente visita del Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU y la causa abierta en Argentina por la jueza María Servini, ¿Las víctimas del franquismo acabarán recibiendo reparación en otros países antes que en España?

“Desgraciadamente en España la vía de la justicia penal y cualquier tipo de justicia para las víctimas (del franquismo), por decisión del Tribunal Supremo, está completamente cerrada en este momento. El Comité de Desapariciones y Detenciones Arbitrarias, en su visita de hace unas semanas a España, ha puesto de manifiesto que eso es inaceptable y ha requerido al gobierno para que remueva los obstáculos que lo impiden. Y es un rayo de esperanza que en Argentina se haya abierto la causa y hayan solicitado la detención de algunos represores. Y ojalá que España coopere en la extradición o en la persecución de esos hechos”.

Siria, la hemorragia que no cesa

Publicado: 7 junio, 2012 en Actualidad, Mundo

La oposición siria denunció una nueva masacre ayer. Fue  en la ciudad de Qubair, en la provincia de Hama, donde según videos difundidos por activistas, los cuerpos carbonizados de 78 personas yacían inertes entre los escombros de viviendas calcinadas presuntamente por misiles.

Según testigos citados por activistas opositores, después de un bombardeo del Ejército, milicianos armados del Gobierno, conocidos como los ‘Shabiba’, ejecutaron a familias enteras en sus casas, con pistolas y cuchillos. La misma forma de actuar utilizada doce días antes en la ciudad de Houla, donde fueron 108 los muertos, muchos de ellos niños. En aquella ocasión, la ONU señaló tener pruebas que lo confirmaban.

Lo ocurrido en Qubair fue el más trágico suceso en una nueva jornada sangrienta en el país árabe. Los combates entre rebeldes y el Ejército en diferentes ciudades dejaron 130 civiles muertos en todo el país, según activistas.

En tanto, el presidente Bashar Al Assad nombró un nuevo primer ministro, demostrando que las elecciones parlamentarias de mayo fueron una farsa, y la comunidad internacional exhibió de nuevo sus profundas divisiones para frenar un conflicto que ha más de dejado 12 mil muertos desde marzo de 2011.

En Estambul, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, se reunió con sus aliados de Turquía, la Unión Europea y el Golfo Pérsico, para estudiar nuevas sanciones contra el régimen de Assad, a quien señalan como único responsable del conflicto.

“Cuanto más tiempo persista la brutalidad de Assad mayor será la probabilidad de un mayor derramamiento de sangre y de un mayor riesgo para esta frágil región que es tan importante para el mundo. Nosotros, Estados Unidos, esperamos que todas las naciones responsables se unan a nosotros en la adopción de las acciones económicas apropiadas contra el régimen sirio”, señaló por su parte Timothy Geithner, secretario del Tesoro en Estados Unidos, tras mantener un encuentro con un grupo de “Empresarios Amigos de Siria” en Washington..

Del otro lado, en Beijing, se reunieron los aliados de Assad: Rusia y China, quienes acusan a los rebeldes sirios por la crisis y sólo aceptan el plan de paz de Kofi Annan como solución.

“Hemos acordado que coordinaremos nuestras actividades sobre la situación en Siria y que la tarea clave ahora es implementar el plan de Kofi Annan, así como las resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad en el marco de este plan”, afirmó Sergei Lavrov, ministro de Exteriores en Rusia.

Sin embargo, a casi dos meses de entrar en vigor el plan de paz, la masacre de Qubair es el último capítulo de un derramamiento de sangre que no cesa. Una hemorragia que encamina al país hacia una prolongada guerra civil como la que asoló Líbano entre 1974 y 1990.

“La gente me pregunta: ‘¿Cesare, y la revolución?’ Y yo les contesto: ‘¿Qué revolución? Eso ahora es un chiste’. Yo tenía 16 años cuando entré en el activismo, ya no soy ese. Si continuase siendo un revolucionario hoy, sería un idiota”.

Quien habla, en entrevista al diario brasileño Folha, es Cesare Battisti, ex activista del grupo armado italiano de extrema izquierda Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), condenado en ausencia en su país por cuatro asesinatos ocurridos a finales de los 70, asilado actualmente en Brasil y autor ya de 18 novelas.

Nacido en 1954, vivió su adolescencia en plena efervescencia de los movimientos sociales surgidos tras el mayo del 68 parisino.

En la Italia de la época fueron muchos los grupos que, como las Brigadas Rojas o el PAC, comenzaron a adoptar la lucha armada para librar una especia de guerra de estilo anarquista contra el capitalismo y lo que ellos denominaban el aparato represor del Estado.

Eran grupos marxistas que condenaban todo lo que oliese a Estados Unidos, pero que a su vez renegaban de la URSS y de los partidos comunistas tradicionales de la Europa Occidental, a los que consideraban traidores por haber colaborado con “los enemigos de los trabajadores” y haber claudicado ante el capitalismo.”En los años 70, en el mundo entero, había un movimiento revolucionario. Millones de personas lucharon, con o sin armas, contra regímenes y estados”, recuerda Battisti, cuyas palabras desprenden arrepentimiento, pero también evocan a una de las mayores tragedias vividas en México: la matanza del 2 de octubre del 68 en Tlatelolco.

“Yo era muy jóven, igual que todos los demás en aquella época creí que podía cambiar el mundo”, indica. “Pero cuando ves que matan a tu mejor amigo y tú tienes sólo 20 años, reaccionas”.Su reacción fue enrolarse en el PAC, un grupo armado creado en 1976 y conformado por apenas 60 jóvenes trabajadores, desempleados y profesores en Lombardía y en el Veneto.

“Aquel movimiento revolucionario respondió a una provocación, y respondió con las armas”, apunta. “Fueron los regímenes o los estados los que primero empezaron a usar las armas, los que empezaron a matar. Esa fue la estrategia de los regímenes y de los poderosos de la época. Ellos no tenían ninguna otra alternativa para poder destruir los riquísimos movimientos culturales y sociales de aquel tiempo, salvo la de incitar al uso de las armas, y caímos en la provocación”.

Desde hace 30 años, Battisti se encuentra en una fuga permanente que inició en México, lugar que le sirvió de inspiración para escribir sus primera novela,“Avenida Revolución”, donde narra la situación de los marginados en esa avenida emblemática de Tijuana.

Ya sin armas ni revolución que emprender, y siendo la historia de su vida un auténtico thriller, se aferró a la pluma para desarrollar una lustrosa carrera dedicada a la novela policiaca y el relato autobiográfico, con la novela “Mi huida” como su obra más leída.

En 1990 se instaló casi definitivamente en Francia gracias al apoyo del entonces presidente socialista François Mitterrand y de otras personalidades influyentes, como la escritora Fred Vargas, el filósofo Bernard-Henri Levy y el actual alcalde de París, Bertrand Delanoë.
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Conque vamos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles libios, ¿cierto? Lástima que no se nos haya ocurrido hace 42 años. O 41 años. O… bueno, ustedes saben el resto. Y no nos dejemos engañar sobre lo que en realidad significa la resolución del Consejo de Seguridad. Una vez más, será el cambio de régimen. Y así como en Irak –para usar una de las únicas frases memorables de Tom Friedman en ese tiempo–, cuando el último dictador se vaya, ¿quién sabe qué clase de murciélagos saldrán de la caja?

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Kadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfaján en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva “intervención humanitaria”. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Gadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Gadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía “irse al infierno”, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquél que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó electo canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Gadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá “tropas en tierra”.

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos “murciélagos” que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Gadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Gadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Gadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Gadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al “pueblo de Libia”, ya sin registrar a los Senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Gadafi en 1969, era Senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera Senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Gadafi? ¿Se “disgregarán”? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Kadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los “rebeldes” entran a Trípoli y deciden que Gadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Gadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Gadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Gadafi, la súbita sospecha entre los “rebeldes”/”el pueblo libio”/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos “rebeldes” que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Gadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.

Algo que podemos hacer es ubicar a los Gadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?

Robert Fisk

© The Independent

La intervención de la comunidad internacional en Libia y la eventual salida de Muammar Gaddafi del poder no están exentas de peligros ni garantizan la democratización del país norafricano, según expertos consultados por REFORMA.

Las medidas aprobadas ayer por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas evitarán en el corto plazo un derramamiento de sangre en Libia, según Manuel Ferez, profesor de Medio Oriente en la Universidad Iberoamericana de México y director del Centro de Investigación y Docencia para América Latina y Medio Oriente (CIDAM). “Pero tendrán un costo en el medio y largo plazo”, dijo.

Libia está conformada por centenares de tribus de bereberes, beduinos, turcos y árabes puros, entre otras etnias. Una situación que, unida a la presencia de mercenarios y personas leales a Gaddafi, hacen que el riesgo de una prolongada guerra civil en Libia siga siendo “muy alto”, incluso si finalmente se sacara al Mandatario del poder, impidiendo que los rebeldes logren éxitos democráticos duraderos, indicó Ferez.

Por ello, y ante una eventual intervención de la ONU o de la OTAN, Ferez señala la necesidad de que se acompañe a la época post Gaddafi de un plan que establezca mecanismos de consulta y asesoría para la democratización de Libia, así como de una presencia efectiva de tropas de paz de Naciones Unidas, “preferentemente”, para evitar que las luchas tribales degeneren en una guerra civil en el país.

“Al contrario que en otros países de la región, en los que sí se está produciendo una transición política, Libia es un Estado que carece de infraestructuras políticas, instituciones civiles o partidos políticos”, señaló por su parte Matthew Waxman, profesor de Derecho y Política Internacional en la Universidad de Columbia.

Waxman también hizo hincapié en la importancia de elaborar un plan de contingencia bien estudiado para garantizar la democratización de Libia a largo plazo y evitar que la comunidad internacional y Estados Unidos pierdan legitimidad ante otras dictaduras de la región.

La resolución del Consejo de Seguridad aprueba “todas las medidas necesarias” para proteger a la población civil de los ataques del Ejército de Gaddafi e imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia. Pero no establece qué medidas concretas serán las que se lleven a cabo y expresamente “excluye una fuerza de ocupación” sobre el terreno.

Para Waxman, hay serios peligros de que la zona de exclusión aérea (si no va acompañada de otras medidas) no sirva para detener los ataques del Gobierno libio contra rebeldes y civiles. Además, señala, podría recrudecer aún más el conflicto en Libia.

“Las conocidas como acciones militares ligeras o de cirugía tienen un atractivo, porque frecuentemente dan la sensación de que se está haciendo algo, pero a menudo implican serios peligros”, señala. “Uno de ellos es que si acaban siendo inefectivas, nos pueden llevar a una situación peor a la que teníamos antes, minando nuestra credibilidad y creando un incentivo adicional para el recrudecimiento del conflicto”.

En la misma línea se expresa Micah Zenko, especialista en Prevención de Conflictos del Council on Foreign Relations de Estados Unidos.

“Si ves cómo está muriendo la gente en Libia, tanto civiles como rebeldes, la mayoría lo está haciendo por ataques terrestres”, indicó Zenko.  “No hay razón para asumir que las tropas de Gaddai -muy superiores en número y armas a los rebeldes- continuarán lanzando ataques aéreos”, prosiguió Zenko. “Claramente, redirigirán sus esfuerzos para acabar con los insurgentes utilizando solo sus recursos terrestres, sin violar la resolución de la ONU”.

“¿Qué se va a hacer entonces? A no ser que se esté dispuesto a dar el siguiente paso, que es desplegar fuerzas especiales para tratar de detener físicamente a las tropas terrestres de Gaddafi en su acoso contra la población civil y las matanzas contra rebeldes, no se debe imponer para nada la zona de exclusión aérea”, explicó.