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“¡Oh, Dios mío! ¡Peligra el Gran Premio de F-1 de Bahrain! ¿Qué vamos a hacer?”, escribía irónicamente un amigo mío ayer en su Facebook.

Y es que, los diarios deportivos españoles traían como noticia de portada que las protestas ciudadanas desatadas en Bahrain para exigir libertad, reformas políticas y sociales, podrían obligar a cancelar el comienzo del mundial de Fórmula-1, cuyo inicio estaba previsto para este fin de semana en ese emirato árabe.

As, Marca, Sport… para todos parecía una tragedia que los niños pijos pilotos no puedan subirse a sus millonarios coches y dar inicio al ‘circo de la Fórmula 1’.

– “¡Por Dios, van a cancelar las carreras! ¡Y todo por un grupo de unos pocos miles de manifestantes que piden democracia!”.

– “¿Demo qué?”.

– “¡Demcoracia! Y encima parece que con su maldita protesta van a conseguir dejar sin carreras a los millones de aficionados de todo el mundo que querían ver el inicio del mundial”.

– “¿Pero qué está pasando? El mundo se está volviendo loco…Nos dejan sin fórmula uno un puñado de “inconformes” por motivos políticos. No hay derecho”.

Conversaciones similares debieron tener lugar ayer en las redacciones de los periódicos deportivos españoles.
Digo debieron porque no tengo confirmación, pero lo puedo suponer. Si no, no tiene explicación que el Redactor Jefe de Motor de As (no un redactor cualquiera, ni un becario, no, todo un señor Redactor Jefe), Raúl Romojaro, escribiese un artículo titulado: “La política complica el deporte”.

El señor Romojaro, que parece no ser capaz de ver más allá del deporte, ni comprender lo que está sucediendo en el mundo árabe desde hace más de un mes y medio, comienza su artículo defendiendo la importancia del deporte porque: “Supone un alivio para muchas de nuestras tensiones cotidianas, una válvula de escape para la presión inevitable en estos tiempos convulsos. Aleja nuestra mente y nuestro ánimo, siquiera por unos instantes, de la política, de la economía, de las obligaciones y de los problemas cotidianos”.

Prosigue reconociendo y lamentando que “ni el propio deporte es ajeno a los conflictos” y que “su protagonismo social, su función de amplificador de enorme potencia, ya ha sido utilizado anteriormente (con fines políticos)… y parece que puede volver a ocurrir”, en referencia a que el inicio de la F-1 “está en la cuerda floja si la situación se complica en Bahrain”.

Es decir, que esos manifestantes que llevan varios días jugándose la vida en Bahrain contra una monarquía tirana que, según organizaciones como Human Rights Watch, utiliza la tortura de forma sistemática y lleva rigiendo el país desde el siglo XIX, ¡quieren “utilizar” la Fórmula 1 para reclamar su libertad, sus derechos a manifestarse, a reunirse, a formar partidos políticos, a poder expresar su opinión libremente! ¡Qué indecencia!

Y por si su sesudo y plural análisis de lo que está ocurriendo no hubiese sido suficiente, Romojaro sigue diciendo que el posible “sabotaje de la carrera” por parte de quienes se manifiestan en Bahrain “sería una pésima noticia para los que deseamos disfrutar de ella”. “Y tampoco creo que sea la solución a sus problemas…”, concluye.

Al señor Redactor Jefe de Motor de As lo único que le preocupa es que los manifestantes puedan sabotear el Gran Premio, que le dejen sin su “válvula de escape para los problemas cotidianos”. Y la pésima noticia no es que la F-1 haya elegido un país en el que no existe libertad, no. La pésima noticia es que se cancele la carrera.

La posibilidad de que veintitantos pilotos se suban a sus millonarios vehículos para continuar con su ‘circo’ mientras al otro lado del muro del circuito mueren personas (al menos 4 desde el lunes) por la brutal represión ejercida por la Policía de Bahréin contra los manifestantes, no supone ninguna inmoralidad. De hecho, ¿a quién le importa que esté muriendo gente? Lo importante es “aliviar” nuestras “tensiones cotidianas” con la carrera.

Por si fuera poco, nos deja otra perla más en medio de su artículo: “No me parece éste (su periódico, As) el foro para debatir si están justificadas o no las intenciones de quienes podrían sabotear la prueba en defensa de sus derechos”.

Porque claro -debe pensar-, al dedicarse a la información deportiva, ¿qué obligación tiene él de cumplir la labor social de todo periodista de dar a conocer a sus lectores las causas de por qué su Gran Premio se va a cancelar?

Que conste ante todo que no tengo absolutamente nada en contra de la prensa deportiva. De hecho, mi afición al periodismo provino de mi pasión por el deporte. Y me encantaría trabajar en la sección de deportes de muchos diarios nacionales o regionales, que son de una calidad literaria excelente, de un rigor al que no se le pueden poner peros y de una capacidad de análisis y de enfoque soberbia.

Pero sí estoy radicalmente en contra de los periódicos y periodistas que favorecen el embrutecimiento de las masas. No puedo con ello, y por eso me parece deplorable el enfoque que los periódicos deportivos y algunos periodistas, como el citado anteriormente, le están dando a la posible cancelación del G.P de Bahrein.

La prensa deportiva podría contribuir mucho más a la reducción de las injusticias sociales y a la erradicación de las violaciones de derechos humanos en todo el mundo.  Desde la primera ocasión en la que Bahrein fue introducido como Gran Premio del Mundial de F-1, los periódicos deportivos podrían haber informado a sus lectores de que es un país que, a pesar de sus riquezas petroleras, está regido por una tremenda desigualdad, una fuerte represión institucional, y una familia real que ocupa los ministerios y cargos de dirección del país, manejando a su antojo la nación y a sus “súbditos”.

Quizás así, informando a sus lectores de algo más importante que lo que ha desayunado Fernando Alonso antes de la carrera, habrían conseguido meter presión para que los dirigentes de la F-1 retirasen del calendario a una nación que no es, ni más ni menos, que una monarquía feudal viva en pleno siglo XXI, por mucho que decoren de lujo, glamour y modernos edificios los sitios turísticos, reservados para extranjeros y élites, que hay en el país.

Los mayores beneficiados habrían sido los periodistas deportivos y los aficionados a la F-1,  porque si hubiesen ejercido esa presión y la organización hubiera decidido retirar del calendario la carrera de Bahrain, los manifestantes de ese país no estarían amenazando ahora la “válvula de escape” de nadie y, quizás, hasta habríamos contribuido a hacerles libres.

Desde el periodismo deportivo se puede ayudar a dar a conocer y a promover el cumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es de ley y es necesario. Son derechos inalienables y cuyo cumplimiento es esencial para hacer del mundo un lugar más justo, en el que reine el ‘fair play’ social.

Los derechos humanos, por muy aficionados al deporte que seamos, están infinitamente por encima del supuesto derecho que parece defender Romojaro a la celebración de espectáculos deportivos y a la evasión de las realidades cotidianas. Defender su cumplimiento es obligación de toda persona y de todo periodista.

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  “Ahora sí, puedo decir que el Atlético es el mejor equipo de Europa”, decía el ‘Kun’ Agüero nada más acabar el partido de ayer en Mónaco.  Sí, el muchacho era víctima de una euforia desmedida y puede que exagerase. Sin embargo, una vez más, el Atlético dejó claro que como él no hay ninguno, ni en el continente ni en el mundo.

Cualquiera (ocho de cada diez atléticos incluidos) daba por imposible que Forlán, Reyes y compañía fueran a derrotar al Inter de Milán, que venía de de ganar los cuatro títulos que había disputado durante el último año. Pero en el fondo todos sabían que, si había algún equipo capaz de hacerlo, ése era el Atleti. Y lo hizo a lo grande, exhibiéndose ante toda Europa. Hace nueve meses estaba al borde del descenso y hoy es el campeón de la Supercopa europea. Y lo seguirá siendo hasta dentro de un año. Un nuevo capítulo de las permanentes contrariedades que tiene este club, esas que lo hacen tan especial. Una victoria que sirve de respuesta para la famosa preguntita del anuncio: ‘¿Por qué somos del Atleti?’.  Una preguta que, a su vez, tiene muchas respuestas, cada una con una historia personal y, sobre todo, muchos sentimientos detrás.

¿Por qué soy del atleti yo? Aquí van algunas respuestas:

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